LOS SÍNTOMAS Y SU TRATAMIENTO

LAS DOS CARAS DEL SÍNTOMA

La tarjeta de visita del síntoma suele ser su aspecto problemático, una irrupción imprevista y desconcertante que viene a alterar la vida del sujeto. De repente, aquel que creíamos ser, la imagen ideal de nosotros mismos, se ve alterada por este desagradable compañero de viaje que se obstina en mostrar algo de nosotros que hasta entonces había permanecido más o menos oculto. Esta cara del síntoma trae por tanto un mensaje, un mensaje oculto, en apariencia indescifrable, reprimido a la conciencia, al que cualquier esfuerzo de la voluntad y del pensamiento no alcanza a desvelar. Pero si tiramos del hilo, con frecuencia aparecen antecedentes, problemas anejos, toda una constelación que nos apunta hacia un tipo de respuesta del sujeto enfrentado a una problemática particular.

Por esta vía se entiende el ocultamiento y el desagrado que provoca todo síntoma. Algo ha puesto en jaque al sujeto, algo que le toca en el núcleo de su ser, esto es, en su relación con los demás y con el mundo, provocando este retorno pulsional. Pero no debemos olvidar que el síntoma es la respuesta a un problema y no el problema mismo. Quiere esto decir que sin tratar el problema del que es efecto, de nada servirá combatirlo a ciegas, pues encontrará más pronto que tarde otra vía, y a veces peor que la anterior. 

Pongamos un ejemplo sencillo. Imaginemos que han saltado los plomos de la casa y que al ponerlos de nuevo vuelven a saltar una y otra vez. Ningún electricista nos recomendaría que cambiáramos simplemente el fusible roto por otro. Nos indica que en algún punto del sistema eléctrico de la casa hay algo que falla. Y si no nos preocupamos por el problema es posible que arriesguemos la próxima vez algo más valioso que un fusible.

Querer saber sobre el síntoma es la respuesta lógica que nos encaminará hacia el verdadero problema que lo ha hecho surgir. Todo síntoma esconde una verdad. Pero no sólo una verdad, no sólo algo de nosotros mismos que desconocemos, tiene también otra cara que dirige su mirada hacia nuestras pulsiones. Digamos que de ahí recibe su potencialidad desconcertante, por tocarnos en la intimidad.

Lo que con frecuencia se produce es una descompensación en la respuesta habitual del sujeto a ciertos encuentros que hasta entonces había podido sobrellevar. Por más que queramos volver al estado anterior, no hay manera sin hacer el recorrido necesario. Ya no es posible desconocerse para seguir funcionando. Ahora toca emprender otra vía, haciéndose cargo de lo que descubriremos que eso dice de nosotros... 

LOS SÍNTOMAS, ARTÍCULOS

Ofrecemos en las páginas de esta sección una serie de artículos sobre los principales síntomas y su posibilidad de tratamiento. Hemos seguido en su elaboración un criterio que, sin dejar de ser didáctico, muestre también el nudo de la complejidad que lo atraviesa. 

Se hace necesario recordar, además, como recordamos más arriba, la particularidad irreductible de todo síntoma, que apunta siempre a un sujeto concreto y al uso que hace de su síntoma, que es su modo actual, por penoso que sea, de representarse, de habitar el mundo.

Listado de artículos descargables

Ese oscuro objeto de la angustia.pdf

La depresión, en la encrucijada del sujeto.pdf

Las obsesiones, una defensa contra el deseo.pdf

La fobia, una imagen para nombrar el horror de un goce.pdf

Los celos en las relaciones de pareja.pdf

La carta perdida en la historia del sujeto, un tratamiento posible de la ludopatía.pdf

Cuando el juego deja de ser un modo de relación.pdf

La neesidad de encuentros pasionales, la otra cara de la depresión.pdf

¿Dónde fracasa el mejor test psicológico?.pdf

La angustia es uno de los elementos centrales de buena parte de las consultas y de las demandas de tratamiento. Popularizada en el lenguaje actual como “ansiedad” (a raíz de su traducción al inglés y su universalización en el discurso médico), la angustia es un afecto de difícil definición, que unas veces se manifiesta mediante miedos y temores muy localizados, como es el caso en las fobias, y otras de manera difusa, provocando...

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Empezaremos distinguiendo los celos patológicos, aquellos que enredan al que los padece en un sufrimiento insoportable, de los que no lo son. Tanto en el hombre como en la mujer, sentirse ocasionalmente celoso no tiene por qué tener un valor sintomático pues puede responder a avatares más o menos ineludibles en el desarrollo de la sexualidad. A nadie sorprenderá, por ejemplo, ver el surgimiento de envidias y celos en los niños...

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Una primera mirada hacia la depresión nos muestra de manera ejemplar la paradoja que habita en todo síntoma, bien conocido en sus formas exteriores, nos oculta, en cambio, sus verdaderas motivaciones. Un ocultamiento que se nos presenta, además, reforzado en la actualidad, pues la apatía vital propia de la depresión va en contra de los ideales de nuestra época, que prometen la realización plena e inmediata de todo deseo... 

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Tras la búsqueda de la satisfacción perdida el jugador se engaña doblemente, pues en realidad no juega para ganar, sino para seguir jugando, toda vez que ignora la verdadera causa que le empuja.

Lo común y lo particular

La pasión desmedida e incontrolable por los juegos de azar se ha convertido en uno de los modos sintomáticos en auge del sujeto contemporáneo. Pero, si bien no se nos oculta la presencia de circunstancias generales, que... 

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Las obsesiones y los rituales compulsivos constituyen la maniobra privilegiada del neurótico obsesivo para evitar la emergencia de una angustia particular. Pero su circuito amurallado, cuidadosamente erigido para mantener alejada su fragilidad, se le ha terminado convertido en una cárcel, en la prisión donde se enfría su deseo. Haremos, para empezar, alguna distinción básica que nos permita orientarnos. Si bien es...

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La fobia nos brinda la oportunidad de mostrar cómo la formación de los síntomas resulta ser un efecto del trabajo del inconsciente, algo que no es fácil de entender a primera vista pero que resulta crucial para comprender el psiquismo humano. Leemos entonces la fobia como una construcción, como un intento de simbolizar un estado de angustia que se ha instalado de manera preocupante en la vida del sujeto...

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